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Financiamiento colectivo:
mitos y verdades

MAGALÍ ABRAMOVICH

Resumen

El presente artículo analiza el Crowdfunding o Financiamiento Colectivo y sus ventajas para la financiación de proyectos culturales en el ámbito local.


Palabras clave: Financiamiento, Gestión Cultural, Crowdfunding.  

 Como agentes de la cultura- artistas, gestores, curadores- nos enfrentamos a cambios constantes dentro del campo. El propio trabajo es atravesado por las nuevas tecnologías tanto en la comunicación acerca de nuestro hacer como en los espacios de circulación de esa información, así se transforman ambos de manera dinámica. La forma en la que hoy contamos nuestros proyectos, el contenido que se genera alrededor de los mismos -en su mayor porcentaje de manera audiovisual- y la conexión entre los actores de ese campo, están siendo articulados y modificados por estas nuevas lógicas.  

 En términos de financiamiento ocurre algo similar. Si bien existen y podemos recurrir a los formatos habituales (léase: mecenazgo, subsidios, patrocinio privado) surgen diferentes modalidades que responden y aprovechan las posibilidades actuales. Entre ellas encontramos el Crowdfunding o Financiamiento Colectivo.

 Si bien este formato tampoco es nuevo en términos temporales- de hecho podemos recordar el levantamiento del pedestal de la Estatua de la Libertad en Estados Unidos como uno de los primeros financiamientos colectivos- responde a las oportunidades que nos brinda la tecnología hoy. Los modelos de financiamiento se han adaptado a estos nuevos medios y es tarea de los agentes/ gestores tomarlo como propio y sacar provecho de esto.

Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de Crowdfunding? Se trata de un mecanismo colaborativo de financiamiento donde una persona (o un grupo) lleva a cabo una campaña online en la cual da cuenta acerca de su proyecto y busca que la comunidad aporte dinero para que el mismo pueda concretarse. A diferencia de ciertas formas de donación, en el “Crowdfunding a base de recompensas” quien colabora en un proyecto siempre se lleva algo a cambio: puede ser desde el producto mismo que se está buscando financiar - por ejemplo, un libro a precio de pre-venta en el caso de los proyectos editoriales- o algún tipo de servicio o experiencia única que pueda resultar atractiva.

Como decíamos antes, si bien el Crowdfunding lleva varios años funcionando en todo el mundo y cada vez existen más plataformas especializadas en cierto tipo de campañas, en la Argentina históricamente fue el nicho cultural quien más logró apropiarse de esta herramienta. Publicaciones de novelas gráficas y libros; giras teatrales; tesis de cortometrajes; producciones de series webs - entre otras cosas- logran realizarse un año tras otro a través de este modelo.

Pero, ¿por qué elegir esta modalidad frente a otras? Aquí vale aclarar que las campañas de Crowdfunding son perfectamente compatibles con otros medios de obtención de fondos: podemos adquirir financiamiento a través de un subsidio y/o patrocinio y elegir completar nuestro presupuesto a través de una campaña. O puede ocurrir que elijamos comenzar por este modelo colectivo para alcanzar el dinero en una etapa inicial de nuestro proyecto y luego ir en búsqueda de otra fuente.

Lo que nos permite el Crowdfunding en estos casos, además de la posibilidad de obtener el presupuesto necesario, es un espacio de visibilidad. Operando de manera online, las plataformas que ofrecen este servicio nos permiten aparecer en una especie de “vidriera” donde podemos ser vistos (¡y apoyados!) desde cualquier parte del mundo. Esto no sólo es una oportunidad para que más personas nos conozcan y se acerquen a nuestro trabajo sino que es una manera de ampliar los canales de comunicación por los que nos movemos habitualmente. Incluso si ya tenemos una trayectoria y somos reconocidos dentro de un campo -uno de los casos más comunes es el de los ilustradores y su recorrido por las redes sociales- es el momento de convertir todo ese apoyo en un aporte económico que nos acerque a la realización de nuestro propósito. Del mismo modo nos permite que la gente que quiere sumarse a la iniciativa pueda hacer su colaboración de una manera fácil, cómoda y segura eligiendo el método de pago que prefiera.

Como dijimos anteriormente, el ámbito cultural es uno de los espacios que más se reconoce y se auto fortalece a través del financiamiento colectivo. Basta con comenzar una charla en cualquier centro cultural de la Ciudad de Buenos Aires para corroborar que la mayor parte de los concurrentes conocen, hicieron o aportaron dinero alguna vez a este tipo de proyectos. Para quienes, por el contrario, nunca escucharon hablar acerca del Crowdfunding vamos a brindar un breve acercamiento a su funcionamiento.

En todos los casos existe un creador/emprendedor que lleva adelante una campaña planteando un objetivo económico determinado, o sea, el dinero que necesita para poner en marcha su proyecto. A través de la misma cuenta quién es, de qué trata su idea, cómo va a llevarla a cabo y qué necesita para realizarla. Todo esto de la manera más creativa, clara y dinámica posible. Al mismo tiempo ofrecerá recompensas variadas (todo aquello que quien colabora puede llevarse a cambio de su aporte) para que el aportante tenga diferentes opciones para elegir. Todas las campañas tienen un tiempo de duración específico luego del cual, una vez concluído, el creador recibirá el dinero recaudado (descontando las comisiones de la plataforma y los métodos de pago) y está listo para llevar a cabo su proyecto y entregar las recompensas a sus colaboradores.

Sí, así funciona básicamente un modelo colaborativo de financiamiento pero, ¿todo proyecto es apto de ser financiado? Son muchas las ideas que surgen alrededor de esta metodología y aprovecharemos esta oportunidad para “desmitificar” algunas cuestiones elementales:

De esta forma la gente puede cumplir sus sueños o concretar sus ideas.” Si bien esto no es completamente erróneo, es importante destacar que las plataformas de financiamiento colectivo apuntan a emprendedores con proyectos concretos. Esto quiere decir que si bien todo comienza en una idea, al momento de generar una campaña es necesario que estén fijados los objetivos del proyecto, cómo va a ejecutarse y tener un material que lo respalde. No es necesario que sea un proyecto a largo plazo (muchas campañas son creadas para financiar acciones únicas) pero sí que sea concreto y cumpla con los requisitos necesarios para considerarse como tal.

Subir mi campaña es suficiente para que la gente se involucre y aporte dinero.” Definitivamente esto es falso. La publicación de una campaña es el paso inicial de este recorrido: una vez que esto sucede ¡comienza el verdadero trabajo!. Durante el tiempo que el proyecto está activo es importante ser proactivo: generar contenido nuevo, mantenerse comunicado con los colaboradores y tener una actividad fluida en las redes y medios que elijamos para difundir lo que estamos haciendo, son claves para acercarnos a un buen resultado. Del mismo modo que elegimos hablar de proyectos antes que de ideas, preferimos pensar en emprendedores antes que de autores.

La comunidad aporta dinero desinteresadamente a todo tipo de proyectos”. Si bien hay una comunidad existente que acostumbra a apoyar a emprendedores, no es real que se movilizan por puro altruismo. Hay una gran porcentaje de colaboradores que encuentran en el Crowdfunding otro tipo de consumo que les aporta algún tipo de ventaja: consiguen el producto por un precio más económico del que luego encontrarán en el mercado o tienen acceso a algún tipo de experiencia que de otro modo no alcanzarían, como la aparición de su nombre en un libro impreso o la participación en un serie web de los cuales son fans. Es por esto que es importante no sólo hacer foco en el contenido de la campaña sino en la recompensas que se ofrecen. Muchas veces ponernos en el lugar del colaborador y pensar qué le gustaría obtener a cambio de su aporte es clave para establecer nuestras recompensas.

De esta forma el Crowdfunding, como otras modalidades de la Economía Colaborativa, aparece como una herramienta más de gestión que invita a los creadores a involucrarse y hacerse cargo de todas las etapas de su proyecto. Como emprendedores de la cultura nuestro desafío es mantenernos actualizados en todas las posibilidades que nos brindan las nuevas tecnologías y nos permiten acercarnos a la materialización de nuestras ideas. Entre ellas, el Financiamiento Colectivo parece haber llegado para hacer una diferencia.


Magalí Abramovich  

Curadora y Gestora Cultural (Centro de Investigación Cinematográfica), con formación académica en Antropología Sociocultural (FFyL-UBA). Ha participado en acciones afines a la gestión y desarrollo de contenidos culturales como Coordinadora de contenidos y articuladora externa en Grupo Trans. Entorno. En el campo de las artes, ha participado desde la gestión, producción y curaduría en espacios como ArtexArte y Casa Matienzo.

Como Responsable de Proyectos y Capacitaciones, es la encargada de acompañar a los creadores en el proceso de armado de sus proyectos y en el asesoramiento durante su campaña. Planifica y dicta charlas informativas y talleres acerca del Crowdfunding y funcionamiento de Ideame.

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Número 0, Noviembre 2017 - ISSN 2591-5983