Mobirise

Hacia una gestión cultural
de vanguardia

PABLO MENDES CALADO

Resumen

A partir del concepto de vanguardia definido por Peter Bürger el presente artículo señala la necesidad de abordar la gestión cultural como praxis capaz de reconectar la cultura y la vida frente a la amenaza de su colonización por la economía capitalista.

Palabras clave: Vanguardia, Gestión cultural.

Vanguardia es una categoría que, sin lugar a dudas, ha ganado gran difusión, tanto en el lenguaje académico como en el corriente, como suele suceder en estos casos este derrotero conlleva a la perdida de especificidad y capacidad analítica. Es claro que su alusión nos remite a ciertas tendencias del arte que se suceden entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del siglo pasado, fauvismo, cubismo, suprematismo, constructivismo, surrealismo, etc. Con el paso del tiempo fue quedando asentado su sentido en asociación con innovación, novedad, cambio permanente.

Aquí haremos uso del término en relación a una determinada característica que Peter Bürguer (2000), en su obra Teoría de la Vanguardia, atribuye a los movimientos artísticos que con esa denominación pasaron a la historia del arte, más concretamente a la idea de la negación de la autonomía del arte en la vanguardia.
Bürger plantea un análisis comparativo de varias atapas de la historia del arte: sacro, cortesano y burgués; en base a tres variables: finalidad, producción y recepción. Seguido reproducimos el cuadro en el que el autor sintetiza su análisis.



Por arte sacro podemos representarnos las grandes catedrales del románico y el gótico, cuyos bajos relieves, tallas e incluso estructura, conjugan el objetivo pedagógico con el del culto mismo de los fieles, son grandes obras realizadas durante generaciones y de las que participan artesanos anónimos la más de las veces. Con la llegada del humanismo el hombre se posiciona distinto ante la creación divina y también en la creación artística, los príncipes renacentistas se hacen auto representar en las obras que encargan destinadas al culto, para cuando Velázquez pinta Las meninas el culto ha quedado de lado y solo la intimidad de la familia real es el objeto de representación, la obra también nos muestra al propio pintor en su trabajo individual, más la recepción es para la corte en su conjunto.

En ambos casos, dirá Bürguer, lejos estamos de pensar en un arte autónomo, en ambos casos estamos frente a un arte, y aquí introduce nuestro autor una nueva categoría en su análisis que nos será de vital importancia para nuestra tesis, en plena conexión con la praxis vital.

En el marxismo la idea de praxis supone una opción de superación dialéctica entre la teoría y la práctica. Para pensar la praxis como categoría aquí nos quedaremos con una de las posibles acepciones que le atribuye Ferrater Mora: “conjunto de acciones llevadas a cabo por el hombre”, aquello que guía nuestro accionar de todos los días y esto puede estar fuertemente asociado a otra idea: la de mundo, no entendido como planeta, sino como la totalidad de aquello en lo que habitamos. Según el mundo en que habitemos serán nuestras acciones cotidianas. El hombre medieval vivía en un mundo completamente trasvasado por la sacralidad, de allí que su praxis vital esté regida por ello, por lo tanto, si el arte tiene por objeto el culto de lo sagrado (además de ser colectivo, tanto en su producción como en su recepción), resulta un arte en sintonía con la praxis vital de su tiempo. Otro tanto dirá Bürguer cabe pensar del arte cortesano, si bien la producción se autonomiza, esto no basta para plantear la idea de un arte autónomo, escindido del mundo de la vida, de la praxis vital.

El cambio se dará, para Bürguer, con un arte burgués, el banquero o el industrial de mediados del siglo XIX participan de una praxis vital ya distinta, la acumulación de riqueza a desplazado a la representación en la corte o al culto como eje de la praxis vital. Sin embargo, ese burgués que pasa su día laboral aplicando la razón instrumental a la maximización de la ganancia, llegado el momento de su interioridad es cultor individual de un arte colonizado por representaciones bucólicas de pastoras, prados y corderos, “el arte (burgués), dirá Bürguer, conserva valores como humanidad, amistad, verdad, solidaridad, que en cierto modo han sido bruscamente apartados de la vida real”, un arte que además fue producido en forma individual por un artista. La autonomía del arte respecto de la praxis vital se ha conseguido.

Contrariamente a una idea bastante generalizada que le atribuye a las vanguardias artísticas la intencionalidad de escindirse del mundo de la vida, de la praxis vital, en aras de una supuesta y deseada libertad, Bürguer dirá que las vanguardias lo que buscaron fue reconectarse con esa praxis vital, pero no con la praxis vital burguesa, sino con una praxis vital otra, “lo que les distingue es el intento de organizar, a partir del arte, una nueva praxis vital”.
Las vanguardias no tienen en la vida burguesa el destino principal de sus ataques, sino en la institución arte en sí misma, no se trata de dar forma a un arte con finalidad social, sino de “la superación del arte en la praxis vital” (destacado mío), para nuestro autor esto es así “cuando arte y praxis forman una unidad, cuando la praxis es estética y cuando el arte es práctico”.

Pero así como Bürguer da por sentado el fracaso de las vanguardias en sus objetivos, también nos advierte sobre un falso esteticismo de la vida, aquel que no tiene otra intencionalidad que la seducción del consumidor.
Ahora bien, que tal si en vez de tener una gestión cultural que viabilizara una suerte de pax burguesa para con el arte, tuviéramos una gestión cultural que se propusiera, en términos de Bürguer, “una nueva praxis vital”, en definitiva, una gestión cultural de vanguardia.  

Es claro que primero tendríamos que definir esa nueva praxis vital (o no), pero eso está en marcha desde hace décadas, está presente en el altermundismo, los foros sociales mundiales, los indignados, el zapatismo, la primavera árabe, en vía campesina, el ecologismo, el feminismo, el contra Davos, el software libre, en definitiva, y volvemos sobre una categoría central, en todos los que se animan a pensar en un mundo otro. Si como decía Wingenstein “el mundo es co-extensivo con la palabra”, necesitamos nuevas formas de nominar para poder imaginar más allá de nuestra realidad. Veamos en lo que sigue algún posible cambio de perspectiva en este sentido.

Tras el cambio de gobierno las Universidades quedaron fuertemente sospechadas de corrupción, o al menos de kirchneristas, cuando un destacado representante del campo académico entro en dialogo con un muy alto funcionario del Ministerio de Cultura en un intento de recomponer el vínculo colaborativo, el funcionario le dijo: “ayudame a convencer al Presidente que la cultura puede contribuir a la lucha contra la pobreza”.  

Obviamente la respuesta en un sentido amplio (no restringido a la cultura) estaba ya en la cabeza del funcionario, en la del académico, en la de todos nosotros que participamos del campo de la gestión y las políticas de la cultura, y en la sociedad toda, porque es el discurso hegemónico: “la pobreza se combate con trabajo asalariado, el trabajo asalariado se crea como consecuencia del crecimiento económico, el crecimiento económico se logra expandiendo los factores de producción, en la actualidad el factor principal es el capital y el capital se consigue con los sistemas de acumulación”.

Todos los eslabones de este encadenamiento lógico están hoy en entredicho, la pobreza está siendo redefinida con el aportes de enfoques tales como el de capacidades que desarrollara Amartya Sen o el enfoque relativo (CEPAL; 2008); el crecimiento económico indefinido es criticado desde los años ’70 del siglo pasado por su inviabilidad medioambiental (Meadows, 2012); más recientemente Tim Jackson (2011) demostró que por encima de determinado nivel de bienestar el incremento de esta variable resultado del crecimiento económico es ínfimo; Thomas Piketty (2014) nos muestra como el capital, merced al nuevo sistema financiero, se ha evadido de la necesidad de instituirse en factor de producción para su auto reproducción, el capital crea capital sin producir nada; los actuales sistemas de acumulación han llevado a Joseph Stiglitz (2012) a hablar de la sociedad del 1%, en relación a la nunca vista concentración de la riqueza. Sin embargo no veo muchos gestores culturales trabajar en vinculación con tales tópicos.

Hoy contamos, merced fundamentalmente al trabajo que desde hace medio siglo impulsa la UNESCO, con una respuesta también en un sentido restringido, la cultura aporta al PBI, la cultura puede generar empleo, la cultura aporta al comercio internacional. En definitiva, volviendo sobre los términos en que empezamos nuestra discusión, el sector cultural está en plena conexión con la praxis vital de nuestro tiempo, con la praxis capitalista.

El gestor cultural no es un economista, pero en un momento histórico en que la praxis vital está colonizada por la economía capitalista reconectar la cultura con una praxis vital otra implica cuestionar las teorías que por hegemónicas emergen en nosotros vía nuestro sentido común, lo contrario es contribuir a su reproducción, tarea bien distinta de la que en nuestro campo se conoce como economía de la cultura. Cuestionar las teorías hegemónicas no es tarea en la que el gestor este ni cerca de estar solo, existen bibliotecas enteras de cuestionamientos críticos del rumbo que el capitalismo contemporáneo va tomando. Tomemos seguido solo un par de lo factores que en el encadenamiento antes citado aparecen y veamos posibles nuevas perspectivas para la gestión de la cultura.

Veamos el sintagma “la pobreza se combate con trabajo asalariado”. Ahora bien ¿Qué sucede si el trabajo está en retirada? Idea que ya a fines del milenio pasado Jeremy Rifkin (1996) planteo en su texto homónimo El fin del trabajo, para el autor, en la segunda mitad del siglo XX el histórico conflicto del capitalismo: capital vs. trabajo, tomó un nuevo rumbo cuando una de las partes, el capital, decidió prescindir de la otra, el trabajo. Para Rifkin la automatización de los procesos físicos, la informatización de los procesos intelectuales y la reingeniería fueron las sucesivas oleadas con las que el capital busco de eliminar, o al menos reducir, su dependencia del factor trabajo, es decir reducir los puestos de trabajo asalariado.

Coincidente con el diagnóstico, André Gortz (1998) analiza los cambios ya en marcha a fines del siglo XX en la relación del hombre con el trabajo, en primer lugar es necesario diferenciar entre trabajo, al que podemos entender como toda acción física o intelectual que el hombre realiza y que da por resultado un bien o un servicio de valor social, de trabajo asalariado, que sería aquel trabajo que adquiere valor de cambio y por tanto es comercializado en el mercado laboral.

Para Gortz amplios sectores de la población mundial no solo son expulsados del mercado laboral, si no que quieren salir de él, frente a esto el autor postula que es necesario pensar en cómo “salir de la sociedad salarial”.

Lejos del análisis de este escenario en el que el mercado laboral se retrae y no da contención a toda la población, en el que parte de esa población desea salir de ese marcado y en el que se consideran trabajo actividades que no conduzcan al cobro de un salario, la gestión y las políticas de la cultura se mantienen en su discurso de auto identificarse como potenciales generadoras de empleo. Sin embargo el sector cultural es por mucho el elejido como el camino de salida de la sociedad laboral. En el video documental “Somos artesanos”, producido por la Asociación de Artesanos de la Estación, de Salta, se pueden escuchar las historias de vidas de estos productores culturales, si uno presta especial atención a los factores por los cuales optaron por el oficio se encontraran dos relatos recurrentes, para una mitad se trata de una herencia, pues sus padres y abuelos lo hacían y de ellos lo aprendieron, pero para la otra mitad el relato que construyen nos lleva invariablemente al camino de salida de la sociedad salarial del que Gortz nos hablara, producir algo con la conjunción de cuerpo, mente y espíritu, ver el producto final de su trabajo, auto administrar sus tiempos de trabajo y de ocio, evadir una estructura jerárquica, incluso la reinserción en un espacio social en el que los bienes materiales tengan un menor peso. Sin embargo y en marcada oposición, la ley provincial 7.237/03, llamada de Protección de las Manifestaciones Artesanales, que podemos identificar como voz oficial de nuestro campo profesional, entre sus objetivos (art. 3°) nos habla de “competitividad”, “rentabilidad del mercado” o “crédito”, vuelta a la praxis vital capitalista.

Una gestión cultural de vanguardia pudiera ser aquella que construye nuevos significantes para viejos significados o bien nuevos significados para viejos significantes, que nos conduzcan a una nueva praxis vital. Pudiéramos cambiar el significado para “tenencia de bienes materiales” más allá de lo necesario, Bill Gates dejaría de ser uno de los grandes hombres de nuestro tiempo y, además de ser quien tiene a media humanidad como rehén de sus desarrollos tecnológicos, podría ser un obsceno e inmoral detentador de 75 mil millones de dólares; o bien pudiéramos cambiar el significante para reconocer el valor social de una persona, no tendríamos que tener Rolex o Mercedes Benz para ser valorados sino contribuir positivamente a la sociedad.

Más allá de que adoptara la forma antes mencionada u otra, una gestión cultural de vanguardia sería aquella que contribuyera decididamente a la construcción de una praxis vital alternativa, de un mundo otro.


Bibliografía 
Bürger, P. (2000). Teoría de la vanguardia. Barcelona, España: Peninsula.
CEPAL (2008). Panorama social de América Latina. Santiago de chile, Chile. CEPAL.
Gortz, A. (1998). Miseria del presente, riqueza de lo posible. Buenos aires, Argentina: Paidós.
Jackson, T. (2011). Prosperidad sin crecimiento. Economía para un planeta finito. Barcelona, España: ICARIA.
Meadows, D., Rander, J. & Meadows, D. (2012). Los límites del crecimiento. Buenos Aires, Argentina: Taurus.
Piketty, T. (2014). El capital en el siglo XXI. Buenos Aires, Argentina: Fondo de Cultura Económica.
Rifkin, J. (2012). El fin del trabajo. Nuevas tecnologías contra puestos de trabajo: el nacimiento de una nueva era. Distrito Federal, México: Paidós.
Salta. (2003). Ley 7237/03, Ley de protección de las manifestaciones artesanales.
Stiglitz, J. (2012) El precio de la desigualdad. El 1% de la población tiene lo que el 99% necesita. Buenos Aires, Argentina: Taurus.

Lic. Pablo Mendes Calado
Docente, Investigador UNTREF. Autor de "Políticas Culturales: Rumbo y Deriva. Estudio de casos de la (ex) Secretaría de Cultura de la Nación."
 

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