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ENTREVISTA A CESAR CASTELLANO

La redefinición del trabajo del gestor cultural como etnógrafo: investigar y mirar socialmente el entorno.

Por Magdalena Mastromarino y Alejandro Cappelletti

Mobirise

Quisiera que nos contaras cómo ha sido tu experiencia como director del Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Pettoruti.  

Asumí como Director del Museo Provincial, que es también Dirección de Artes Visuales de la Provincia de Buenos Aires, con la gestión de la Gobernadora Vidal a comienzos de 2016. El museo tiene una colección muy importante de 3421 obras que son de todos los bonaerenses, a pesar de estar ubicado en la ciudad de La Plata. Por un tema edilicio y dada la necesidad de realizar muestras temporales, exposiciones de los premios provinciales, etc., no podemos exhibirla en su totalidad, trabajamos con muestras de investigación sobre la colección. Es decir, el equipo del museo o investigadores invitados realizan una investigación que se toma como base para la realización de la muestra. Eso nos permite revitalizar la colección, mostrarla y tener una investigación relacionada. Tener solo paredes con cuadros no sirve, hay que activar acciones colaborativas para expandir y mostrar la colección a todos los bonaerenses. A esto le sumamos muestras itinerantes que están a disposición de todos los municipios.

Es importante para nosotros el trabajo colaborativo, especialmente con la Universidad. Con el fin de relacionar el museo con la Universidad me vinculé con el Instituto de Historia del Arte de la Universidad Nacional de La Plata, les dijimos: tienen la colección para hacer lo que quieran. La exposición se llamó Ilustres Desconocidas y consistió en sacar a la luz todas las obras de las mujeres artistas pertenecientes a la colección del museo.

En esa muestra redescubrimos que nuestra primera directora desde 1922 hasta 1930 fue una mujer, Ernestina Rivademar, que era feminista, cineasta y artista. A raíz de la investigación sucedieron dos cosas interesantes, primero rebautizamos a la biblioteca con su nombre. Nuestra biblioteca es una sala más. La incorporamos al espacio. Además, la familia de ella se acercó y nos donó obras.

Cuando vos a una muestra le haces una buena investigación es otra cosa. La investigación la realiza personal del museo que luego se encarga de la curaduría. Esa investigación nos queda y además revitaliza la colección. La colección patrimonial sale de otra forma del depósito, diciendo “aquí estoy, esto es lo que fui y esto es lo nuevo que propongo”.

Ahora estamos realizando una muestra que se llama Lado B, donde mostramos las obras de la colección del lado de atrás. Encontramos arrepentimientos, sellos, números: el historial de la obra. Registros que nos hablan mucho de las obras. Por ejemplo, hay unos sellos que un ex director del museo en sesenta días quiso que se relevara la colección y que se le pusieran números bien grandes. Se llamaba Jorge López Anaya. Los investigadores en lugar de escribir un texto curatorial hicieron como una obra de teatro, en la que ellos estaban en el depósito y empezaban a ver todas estas cosas. Es genial lo que uno encuentra detrás de las obras. Es interesante con una misma colección la cantidad de relecturas y narrativas que se pueden hacer.

¿Esta fue una decisión de gestión a partir de tu intervención?

Yo entré con la gestión de la actual Gobernadora y el Ministro de Gestión Cultural, Alejandro Gómez. Más allá de las cuestiones lógicas que suceden en la gestión pública tuve libertad absoluta para armar un plan de gestión con todo el equipo del museo, que realmente es muy profesional y ama lo que hace. Pensamos líneas de trabajo sobre cómo queríamos gestionar un museo abierto a la comunidad toda. Revitalizamos el área de educación, curaduría, investigación, administración, montaje, biblioteca, comunicación y diseño. Comenzamos a trabajar transversalmente. Además, salimos del museo con muestras itinerantes y con propuestas de índole social como llevar el área educativa al Hospital de Niños, trabajos de muralización colectiva del hospital, armamos ciclos como Danza en el Museo, Conversatorios con artistas, distintos talleres y ahora estamos incorporando el ciclo de cine. Para todo esto rediseñamos los distintos espacios o salas del museo, también fue trabajo en consenso con todos los equipos de cada área.

La idea es trabajar proyectos con la comunidad y que sean más que una propuesta exclusivamente artística. Trabajamos con las problemáticas actuales: femicidio, cuestiones de género, diversidad, migraciones, problemas ambientales. Tratamos que las muestras puedan relacionar estas problemáticas con la comunidad y darle al museo un rol de actor social, sin caer en lugares comunes habituales, efectistas.

Por ejemplo, en este momento el espacio Vidriera está intervenido con una instalación de la artista Florencia Melo, llamada Cada 18 horas. La artista trabaja con flores de cerámica que representan cada una de las muertes de mujeres por femicidio que han sucedido en la Provincia, y de las cuales la artista lleva un registro. Montamos la instalación y en base a esto vamos a hacer distintas actividades con grupos que luchan por erradicar este grave problema o asociados a estas temáticas.

En la sala de al lado expone un artista contemporáneo, Santiago Gasquet, que trabaja Street art y realizó un site specific de una intervención urbana pero dentro del museo. De pronto tuvimos un mega graffiti de arte público en la sala, lo que nos permite reflexionar sobre el rol del museo como institución cerrada y de alcance para los jóvenes, y la relación del museo con el espacio circundante.

¿Cómo manejas la convocatoria?

Usamos mucho las redes sociales. También medios periodísticos. Le damos mucha importancia a la difusión. Tengo dos diseñadores y un comunicador. Tenemos muchos talleres, un ciclo de danza que trabaja con las propuestas expositivas, distintas visitas guiadas para público escolar y general, ciclos de cine, conversatorios, actividades con las comunidades de base, etc. El tema comunicación y redes es de suma importancia para llegar a toda la comunidad.

Como teníamos problema para imprimir catálogos, los hacemos online ofreciéndolos gratis en nuestras redes y también en la sala. Escaneándote el código QR a través de tu app te llevas el catálogo. Es interesante porque hoy ves a los guardias de sala involucrarse, explicando a la gente cómo funciona la aplicación para bajarse el catálogo.

¿Cómo trabajan para generar una sensación de pertenencia de los trabajadores del museo?

A veces pareciera que los archivos, museos, bibliotecas, son lugares donde la gente se deposita. Esto es importante cambiarlo. Generar que todos los trabajadores de las distintas áreas se involucren en todos los procesos se logra principalmente con mucho trabajo en equipo, entre las distintas áreas, escuchando, discutiendo y llegando a buenos debates. Por ejemplo, en la planificación de una muestra no solo debe intervenir el área de curaduría y montaje, debe estar presente el área de educación, el área de comunicación y diseño y, fundamentalmente, que los guardias de sala participen. Son los auténticos mediadores, los que reciben al público. Es un trabajo en conjunto, esto de ser parte se transmite, por eso es importante generarlo y sostenerlo.

¿Cómo analizas la importancia de la gestión en el campo artístico actual?

La gestión cultural está cambiando mucho día a día; enfrenta nuevos desafíos, tanto sociales como todo el avance de lo tecnológico. Desde lo público se da cuenta de esto el Ministerio en el que estoy. Se creó hace dos años, se llama Ministerio de Gestión Cultural. Se está hablando de la importancia de la gestión ya en el mismo nombre del Ministerio. El Museo Provincial de Bellas Artes se llama Emilio Pettoruti gracias a que él fue diecisiete años director del museo. Se inauguró en 1922. Hasta el treinta tuvo una dirección. Luego, de 1930 a 1947, estuvo Petorutti, que trazó una política de gestión de avanzada. Sostenía que no tenía sentido hacer un museo a imagen de Europa. Somos latinoamericanos. Y le dio al museo un plan de gestión que lo sacó a recorrer toda la Provincia. Además se preocupó por armar la colección nueva con artistas argentinos y latinoamericanos, y por trazar un plan educativo de avanzada para la época. Entender la gestión cultural como un trabajo de acercar a la comunidad nuestro patrimonio es fundamental, el rol social es la base.

Y como museo, además de mostrar tu acervo, tenés que captar lo nuevo. Se ve una necesidad de renovar el público y vincularse con lo que está sucediendo en el momento. El museo tiene que vincularse con el presente y con lo social. Hace poco encaramos una curaduría con artistas que trabajan la cerámica expandida, la muestra se llamó Fuego Sagrado. La primera parte fue un work in progress en el que todos los artistas realizaron sus obras en la sala del museo. Era un verdadero taller, mostrar estos nuevos lenguajes, como la cerámica contemporánea, es fundamental. Al mismo tiempo, inauguramos un mural en el Hospital de Niños municipal “Sor María Ludovica” que resultó de un trabajo colaborativo entre el hospital, el museo, el sindicato y la cátedra de muralismo de la Universidad. Fue muy emotivo. Poder realizar un trabajo de colaboración intersectorial y poder juntarnos para este evento. El espacio público hay que cuidarlo entre todos porque la mayoría de la gente no tiene otra cosa. Hay que sacar la cultura de abajo de la educación. La cultura debe tener un rol más independiente. Se la subestima. El museo antes dependía del Ministerio de Educación. El Ministerio separaba en educación formal la escuela, educación no formal el museo. Esas distinciones ya no sirven.

Nuestros educadores trabajan con pedagogía de avanzada; es un lugar formal de educación. También inclusivo. Tenemos ploteos en Braille gracias a un convenio con la biblioteca, las rampas, el aro hipoacúsico, talleres para chicos con discapacidad. Ahora estamos detrás del baño para discapacitados… Debemos estar muy atentos a todos los debates sociales y culturales que da la sociedad e interpretarlos. Hoy de las cinco muestras que tenemos en el museo, tres son de mujeres. Es un avance.

El rol del gestor cultural hoy en día es tratar de detectar los problemas, visibilizarlos. El conocimiento de lo que sucede alrededor de la comunidad. Armar nuevas narrativas que lleguen a la gente. Captar las necesidades propias del presente. No es solo colgar una muestra sino estar atentos a los imaginarios sociales que se están transformando. Debe saber administrar recursos, ser un buen curador para poder mostrar con nuevas narrativas los desafíos actuales. Y, por sobre todo, debe ser un militante, en el sentido de ser perseverante y paciente en el camino de gestionar y llevar adelante los proyectos.

¿Cómo es el trabajo con los municipios?

El Museo es también Dirección de Artes Visuales de la Provincia y tiene como misión trabajar en forma cooperativa con el resto de los 135 municipios en diversas actividades, en red colaborativa. Por ejemplo, llevamos artistas a diferentes museos de la Provincia. En algunos casos, logramos que se donen obras a museos que no tienen posibilidad de acrecentar la colección. Realizamos talleres, clínicas con curadores, artistas y conservadores. Para el año que viene estamos tratando de armar un proyecto de curadurías colaborativas. También tenemos los premios provinciales de arte joven y otro para artistas consagrados. La circulación de estas muestras es un buen muestrario de lo que se está haciendo en la actualidad. También estamos trabajando con la dirección en tratar de mejorar la situación de los otros museos provinciales.

¿Qué importancia tuvo en tu formación la carrera de Gestión e Historia de las Artes?

Como egresado de la carrera de Gestión e Historia de las Artes (USAL), creo que nuestra formación es interesante porque aborda el trabajo del gestor como praxis y no como parte de un estudio puramente culturalista. El trabajo del gestor se ha redefinido, implica también un trabajo de etnógrafo, de mirar qué sucede alrededor socialmente. Investigar el entorno.

La carrera es de gestión con todo lo que eso implica, te da tanto la base teórica como práctica para salir a enfrentar el mundo. Las dos herramientas. Solo con saber producir no alcanza, es necesaria la base cultural. Saber de qué estás hablando. El contenido.

El campo es amplio. En este momento me encuentro dentro de la gestión pública pero cada vez hay más espacios autogestionados. Los nuevos espacios culturales, que ya no son galerías de arte tradicionales. Ahora son galerías, residencias, clínicas, teatro, talleres de poesía y además venden obra y realizan exposiciones. Modelos de autogestión. Está cambiando el concepto de galería de arte y eso es gracias a que los jóvenes saben gestionar y de manera colaborativa.

Yo les diría a los alumnos que tienen las herramientas para enfrentar nuevos desafíos del gestor en sintonía con las demandas actuales.


Cesar Castellano es productor de contenidos audiovisuales, licenciado en historia del arte, curador y gestor cultural, ha sido docente también en la Usal y en la Umsa y actualmente desde hace tres años como Director del Museo Provincial de Bellas Artes y Director de Artes Visuales de la Provincia de Buenos Aires.


Alejandro Cappelletti es Licenciado en Gestión e Historia de las Artes (USAL) y alumno de la Maestría en Sociología de la Cultura y Análisis Cultural (UNSAM). Se ha desempeñado en la función pública y en el ámbito privado. Es Docente de las asignaturas Práctica Profesional I, II, III y IV de la Lic. en Gestión e Historia de las Artes en USAL y Consultor Especialista en Arte.


Magdalena Mastromarino es egresada de la Carrera de Realización Cinematográfica de la Universidad del Cine y Licenciada en Gestión e Historia del Arte Universidad del Salvador. Se desempeña como docente de las materias de Metodología de la investigación y Curaduría (Gestión e Historia de las Artes, USAL).

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