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EL OBJETO, LA ESCULTURA
Y LA PRODUCCIÓN DIGITAL

Si en el espacio de la vida cotidiana, está más o menos consensuada la idea de que las sucesivas transformaciones en el orden tecnológico producen una serie de modificaciones en el orden de la producción y del consumo, en el campo del arte los desarrollos científicos-tecnológicos han producido un impacto de relevancia en la configuración del concepto de obra de arte, de su medio y forma de recepción. En tal sentido, el arte contemporáneo ha hecho uso intensivo de estos nuevos medios.

La imagen digital aparece como un punto de inflexión en relación con los modos de hacer del arte. La digitalización implica un cambio sustancial en tanto el objeto desaparece, así como su analogía, sólo existe la imagen en la medida en que esta aparece codificada previamente como algoritmo matemático, como producto de este procedimiento.

Pero, por otra parte, el avance de las nuevas tecnologías digitales ha permitido expandir el trabajo artístico, pero en vez de acentuar la desmaterialización de la producción ha posibilitado la emergencia de una nueva línea de objetos como resultante de la denominada producción digital, es decir de diversos procedimientos tecnológicos que permiten materializar esa información digital y volverla objetos.

Varios son los caminos que posibilitaron el desarrollo de esta técnica. Por una parte, los avances en las capacidades del modelado 3D, es decir, de modos digitales de representar objetos o personas. Esto fue acompañado por una democratización en el uso de las impresoras 3D, la cual proviene tanto del movimiento de hardware libre (lo que implica la posibilidad de hacer uno mismo la impresora) y de software libre (que permite realizar el pasaje hacia la impresión propiamente dicha). Podríamos sumar a ello la multiplicidad de materiales que permiten asumir este pasaje de lo digital al mundo físico: corte laser de metales o maderas, corte con chorro de agua de materiales duros como bloques de piedra e impresión 3D propiamente dicha en una amplia gama de materiales (plástico, carbono, cera, metales, hormigón, etc.).

El artista Javier Bilatz, quién tiene una larga trayectoria en el trabajo con medios digitales, se ha apropiado de estas herramientas para desplegar su propia poética. Su serie Partes del vacío (2012, en proceso) opera sobre la lógica de la producción digital al llevar sus modelados digitales a diversas materialidades como el acrílico grabado o cortado por láser o la madera o chapa calada, técnicas que permite, además, el encastrado de piezas. En tanto que, Historia Natural 3(D) (de la serie Ramificaciones de un discurso) propone una serie de piezas sobre modelado 3D generativo e impresión 3D. Estas traducciones de medios materiales son el sustrato de una reflexión en torno al propio lenguaje que otorga un sello distintivo a la producción de Bilatz.